La artista Amiee Byrne, convierte cualquier objeto desechado en una escultura hiperrealista partiendo de un material tan sorprendente como el barro. Un material, por tradición, realmente distinto a lo que sería lógico en este tipo de obras, y ahi es justamente donde reside el encanto.

El proyecto surgió cuando Amiee se apuntó al estudio de una comunidad de cerámica, y ya en su primera clase, preguntó a su profesor si podía crear algo distinto a las típicas piezas (vasijas, platos, jarrones…) que les gusta a los recien llegados. Su primera idea fue modelar una escultura móvil colgante a base de patatas fritas para decorar el loft donde acababa de mudarse.
Después de dedicar semanas a este proyecto de forma obsesiva, se decantó por los objetos que todos guardamos en nuestros trasteros o que podemos encontrar en un contenedor a punto de ser retirados por el servicio de recogida de residuos.





